Anormalidades en la marcha ¿Siempre se deben tratar?

 

 

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Cualquier persona es capaz de detectar que otra persona presenta una alteración en su patrón de marcha o “camina raro”.

Esto es porque todos tendemos a caminar siguiendo un patrón similar al que hemos denominado “patrón normal”, y  todo lo que se aleja de este patrón esperado nos llama la atención por ser “diferente”.

Los fisioterapeutas, gracias a nuestros conocimientos y experiencia, aparte de poder detectar rápidamente que estamos ante un patrón de marcha alterado, podemos detectar algunas de las alteraciones que se están produciendo, con tan solo observar la marcha.

Sin embargo, con solo observar a la persona mientras camina, o en nuestro caso como fisioterapeutas pediátricos, al niño, nos resulta muy complicado poder detectar todas las alteraciones que se están produciendo en la marcha en las diferentes articulaciones y los diferentes eventos a lo largo del ciclo de la marcha.

Se precisa de un estudio del patrón de marcha, el cual se puede llevar a cabo mediante diferentes métodos más o menos sofisticados, siendo uno métodos más fáciles de llevar a cabo en la práctica clínica el análisis observacional a partir de registros en vídeo de la marcha del niño, que si se hace de forma exhaustiva puede ser muy válido.

Este análisis nos va permitir detectar alteraciones como la presencia de excesiva flexión plantar a nivel del tobillo en el momento del contacto inicial, la postura anormal que puede adoptar la rodilla durante la fase media de apoyo, el movimiento excesivo de rotación externa que puede presentar la cadera durante el periodo de balanceo,…. entre muchas otras alteraciones que se pueden producir.

Esta información resulta muy valiosa. Sin embargo no es suficiente, porque solo vamos a saber qué alteraciones existen en el patrón de marcha, pero no nos da la respuesta de qué lo está alterando.

Por eso es importante poder llevar conjuntamente a cabo tanto el análisis del patrón de marcha como la exploración física para recabar la máxima información sobre las alteraciones y las causas.

Con esta información, y sabiendo distinguir entre las diferentes anormalidades que están alterando la marcha, vamos a poder determinar correctamente qué tratamientos resultan más adecuados para mejorar el patrón de marcha de cada niño.

Anormalidades de la marcha

Gage (1995) distinguió tres  tipos de anormalidades distintas para los niños con parálisis cerebral, a las que denominó anormalidades primarias, secundarias y  terciarias.

¿Qué son las Anormalidades primarias?

Definió como anormalidades primarias aquellas alteraciones en el patrón de marcha que derivan directamente de la lesión cerebral. Este tipo de anormalidades se caracterizan por ser anormalidades generalmente son permanentes, dado que no pueden ser curadas,  corregidas o solucionadas.

Por ejemplo, en el caso de la presencia de una leucomalacia periventricular, en la que se produce una lesión cerebral, esta lesión da lugar a  una serie de anormalidades primarias  como son la pérdida del control motor selectivo de los músculos,  las dificultades en el equilibrio,  el tono muscular anormal,…

¿Qué son las anormalidades secundarias?

Como anormalidades secundarias, se ha definido aquellas que emergen lentamente en el tiempo y que son consecuencia de las anormalidades primarias.

Como sabemos, los niños se encuentran en su periodo de crecimiento y que precisan de fuerzas y estímulos sobre sus huesos y músculos diariamente  para que se produzca el desarrollo musculoesquelético normal o esperado a lo largo de los primeros años de vida.

Cuando las anormalidades  primarias (espasticidad, debilidad, falta de control motor selectivo,….) imponen  fuerzas anormales  sobre los huesos y músculos  entonces aparecen las anormalidades secundarias, es decir las contracturas musculares y las deformidades óseas.

¿Qué son las anormalidades terciarias?

En el momento de caminar, un niño  que presenta por ejemplo dificultades para avanzar su extremidad o para mantenerse estable durante el apoyo unipodal, puede buscar  movimientos o posturas para compensar esas dificultades derivadas de las alteraciones primarias o secundarias.  Lo que está haciendo es buscar soluciones funcionales para poder caminar.

Estas posturas o movimientos compensatorios que se usan para poder caminar serían las anormalidades terciarias.

Como vemos los patrones de marcha anormales son  el resultado de la combinación de anormalidades primarias, secundarias y terciarias.

La tarea de los profesionales que trabajamos para favorecer la funcionalidad en los niños que presentan alteraciones en su patrón de marcha es determinar la presencia cada una de estas anormalidades para cada niño, para saber sobre cuáles de las alteraciones podemos actuar y cómo.

 

 

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Alicia 2

Por Alicia Manzanas García, fisioterapeuta postgraduada en pediatría y actividad física adaptada desde 1999, por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat de Barcelona, Máster en Psicología, Salud y Calidad de Vida, por la Universitat Oberta de Catalunya. Docente en la Universidad Internacional de Catalunya en el Grado, Postgrado y Máster de Fisioterapia en Pediatría desde 2004.

Directora de efisiopediatric.

Docente de los cursos dirigidos a las extremidades inferiores y marcha (+ info)

 

Referencias bibliográficas

Gage, JR. The Treatment of Gait Problems in Cerebral Palsy, Mac Keith Pess, 2004