valorar la extremidad superior

Valoración de la extremidad superior en pediatría ¿cómo hacerlo?

La  mayoría de las veces, cuando queremos  valorar la extremidad superior lo hacemos valorando la máxima capacidad.  En una situación de evaluación, el niño no se comporta de manera natural porque sabe que está siendo valorado e intenta hacer los ítems propuestos perfectos, aunque no sea su comportamiento real.

Esto nos lleva a plantearnos una serie de cuestiones: entonces, ¿planificamos tratamientos sin conocer cómo actúa su extremidad superior en situaciones aproximadas a la realidad?, ¿necesitamos conocer las limitaciones en la actividad o las restricciones en la participación? O, ¿cómo vamos a favorecer la autonomía sin conocer cómo actúa la extremidad afectada habitualmente?

Como vemos, resulta fundamental realizar una valoración utilizando herramientas de medición que nos muestren el comportamiento del niño lo más parecido a la realidad.  Para ello, necesitamos aplicar herramientas que se encuentren en el dominio de la ACTIVIDAD dentro de la CIF y  a partir de ahí, observar, medir y cuantificar el rendimiento funcional del niño.

Pero de nuevo se nos plantean una serie de cuestiones como son: ¿de qué herramientas de medición de la habilidad manual y de la extremidad superior disponemos que nos permitan abordar las limitaciones dentro de la actividad?  O,  ¿cuál escoger?

Es importante una correcta evaluación y tratamiento de la extremidad superior para saber qué herramientas se deben emplear para conocer el rendimiento funcional de las extremidades superiores. Para poder extraer un mayor rendimiento de la extremidad superior hay dos estrategias de tratamiento con eficacia contrastada: la terapia restrictiva y la terapia bimanual.

Herramientas para valorar la extremidad superior

En primer lugar,  será necesario poder clasificar la habilidad manual  que tiene el niño al ejecutar actividades de la vida cotidiana según su edad,  a partir de conocer cómo es capaz de manipular diversos objetos que son típicos para él en el uso diario . Esta clasificación se lleva a cabo a través del Sistema de Clasificación de la Habilidad Manual  (MACS) en niños con parálisis cerebral infantil entre 4-18 años.  Nos permite clasificar al niño en 5 niveles dependiendo de su independencia en la ejecución, aunque normalmente encontramos a los niños con hemiparesia en un nivel I Y II, porque la mayoría ejecuta las actividades de manera independiente, ya que lo suelen hacer con la extremidad sana, y este sistema de clasificación no hace distinción entre el uso de las extremidades superiores.

valorar la extremidad superior

A continuación, podemos emplear el cuestionario ABILHAND-Kids, para niños de 6 a 15 años, donde los padres deben responder a la dificultad de ejecución de 21 preguntas sobre determinadas actividades bimanuales. Este cuestionario tampoco hace distinción entre el uso de ambas ambas extremidades superiores.

abildhand

Cuando queremos observar un comportamiento más específico de la extremidad superior afectada en la ejecución de una actividad es muy importante pasar el cuestionario CHEQ, que valora cómo se realizan 29 tareas bimanuales en población con afectación unilateral de la extremidad superior, entre los 6 y 18 años, y cómo interviene dicha extremidad en la tarea: si interviene, si lo hace con soporte o usando prensión, su eficacia y el tiempo que tarda en completar la actividad.  Algo muy importante que nos permite conocer este cuestionario es la experiencia que tienen los niños al hacer actividades bimanuales.

cheq

Finalmente, hemos de decir que la escala AHA,  empleada para niños diagnosticados de parálisis braquial obstétrica o hemiparesia entre 18 meses y 12 años de edad, es por excelencia la más fiable http://remoandaluz.es/servicio-medico/comprar-cialis-online para medir el rendimiento funcional de la extremidad superior afectada.  Esta escala  valora la ejecución de la extremidad afectada  de una serie de actividades bimanuales durante un juego espontáneo donde no existen normas, ni se le dice al niño cómo debe hacer para aproximarnos a su situación de juego más real.  Podemos encontrarnos que el niño emplea únicamente su extremidad sana, que de vez en cuando emplea la afectada para intentar estabilizar, pero que lo hace con soporte, sin prensión, donde no vemos cambio de estrategias para resolver los problemas que se presentan, o que el niño no puede completar la tarea sino es ayudado, no porque tenga restricción en el movimiento sino porque nunca antes ha experimentado con esa extremidad y no la ha introducido en el juego. Con lo que nos da una valiosa  información de su integración.

aha

Existen otras escalas que también se pueden utilizar para completar la valoración como la  escala QUEST, que se incluye dentro del dominio de la función de la CIF, ya que mide calidad de movimiento de las dos extremidades superiores  en 4 categorías diferentes (movimientos disociados, prensión, apoyos y reacciones posturales). Pero no nos permite visualizar cómo se comporta la extremidad afectada en una tarea bimanual, puesto que analiza la máxima capacidad al ejecutar tareas unimanuales y el resultado final engloba la calificación de ambas extremidades, sin hacer distinción entre ambas. Ahora sí, hemos recopilado los datos necesarios para valorar la extremidad superior.

quest

Las herramientas de medición mencionadas previamente son las que resultan imprescindibles para conseguir la información objetiva  necesaria para establecer los objetivos terapeúticos y poder medir los resultados de la intervención porque nos dan información sobre el uso espontáneo de la extremidad superior afectada, y así podremos valorar la extremidad superior.


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 Referencias bibliográficas 

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