Fisioterapia Pediátrica desde otra perspectiva

Cuando hablamos de la Fisioterapia pediátrica solemos hablar desde la perspectiva del profesional, y en algunas ocasiones tratamos de hacerlo desde la perspectiva de los padres, pero pocas veces nos tratamos de verla desde una de las perspectivas más importantes: la del niñ@ que está recibiendo o ha recibido el tratamiento.

Cuando hablamos de la Fisioterapia pediátrica solemos hablar desde la perspectiva del profesional, y en algunas ocasiones tratamos de hacerlo desde la perspectiva de los padres, pero pocas veces nos tratamos de verla desde una de las perspectivas más importantes: la del niñ@ que está recibiendo  o ha recibido el tratamiento.

Durante el V Congreso de la Sociedad Española de Fisioterapia Pediátrica (SEFIP) , cuyo principal objetivo fue intercambiar conocimientos entre profesionales y padres. Y donde además tuvimos la suerte de contar, entre los participantes, con una joven con parálisis cerebral, cuya sinceridad y elocuencia a la hora de hablar de sus experiencias y vivencias con los tratamientos de fisioterapia y l@s fisioterapeutas pediátric@s a lo largo de su infancia nos permitieron coger conciencia de muchas aspectos que hasta el momento quizás ni nos habíamos planteado y recapacitar sobre ellos.

Afortunadamente esa joven, Anna Marchesi, además dispone de un blog donde ha ido dejando por escrito algunas de sus reflexiones, recuerdos y opiniones, entra las cuales hay una especialmente dirigidas a la Fisioterapia Pediátrica. Anna nos ha permitido poder compartir con todos vosotros sus palabras, por lo que os lo transcribimos a continuación:

Fotografía de Anna Marchessi, redactora del blog.

Anna Marchesi

“Hola de nuevo, amigos. Os recuerdo que soy Anna Marchessi y tengo 21 años. Soy redactora habitual del blog y tengo parálisis cerebral con diplejía espástica.

Bien, hoy he decidido hablaros de algo que me ha acompañado durante toda la infancia: la fisioterapia. Desde muy pequeña y prácticamente desde que se me diagnosticó la enfermedad de manera oficial, he necesitado acudir a sesiones de estimulación de mis músculos y huesos para mantenerlos activos y así mejorar la flexibilidad y el equilibrio.

Durante los primeros años, acudía en ambulancia muchos días a la semana hasta el hospital en Barcelona para realizar allí la fisioterapia de manera intensiva. No os puedo dar una cronología exacta porque no recuerdo el devenir de los acontecimientos de la época. Cuando trato de recordar sólo vienen a mi memoria imágenes aisladas de mí misma estirada sobre una gran pelota de plástico cantando canciones infantiles.

Por otra parte, en el colegio me asignaban fisioterapeutas para que vinieran allí a realizarme ejercicios unas dos veces a la semana. Si mal no recuerdo, llegué a tener un total de tres fisioterapeutas desde los 3 hasta los 16 años, que es hasta cuando está –o estaba, dependiendo de los estragos causados por órganos gubernamentales- cubierto este servicio asistencial en centros escolares, es decir hasta completar la secundaria. Todas fueron chicas, y pasar de una a otra resultaba para mí un auténtico trauma.

Siempre empezaba odiándolas a muerte, ya fuera porque no las creyera capaces de superar a la anterior o porque mi pueril cerebro no era capaz de entender por qué me privaban de hacer actividades más interesantes para trabajar en mi endeble cuerpecito. Hacía fisioterapia a la hora del comedor o en sustitución de la propia hora curricular de gimnasia. Por tanto debía esforzarme y trabajar al máximo mientras mis compañeros veían películas o reían y se compenetraban jugado a los juegos propuestos por el profesor.

Yo lo veía como un castigo y no entendía este aislamiento y esta condena a realizar esfuerzos extraordinarios. Para más inri, cuando por fin lograba acostumbrarme a la rutina que se me impuso y fui consciente de que todo lo que hacía era necesario y beneficioso para mi salud, en el paso del colegio al instituto pasé de la segunda a la tercera fisio. Se lo hice pasar bastante mal, porque por fin había logrado llevarme bien con la anterior y tenía serias dudas de que su relevo llegara a funcionar.

La relación que se formaba con las fisios después de tantas horas de trabajo compartidas era muy especial, y costaba mucho volverla a construir con otra profesional del gremio. Quizá con un ejemplo logréis entenderlo mejor. Es como si vosotr@s pasarais muchas horas con un amigo/a y de repente, de un día para otro, os l@ cambiaran, y tuvierais que hacer con esa persona las cosas que hacíais con vuestra persona de confianza. En fin, creo que ese cambio es bastante brusco y traumático. Además, por aquella época recuerdo que realizaba muy pocas actividades físicas con mis compañeros, y mi condena a la soledad, en una edad tan popularmente difícil, no me sentó muy bien.

Respecto a la mecánica de las sesiones, debo decir que el tipo de fisioterapia que realicé durante todos esos años fue fundamentalmente pasiva. Es decir, yo me estiraba en una colchoneta y era la propia fisioterapeuta la que me estiraba los músculos o se ocupaba de variar la posición de mis piernas. Durante la realización de los ejercicios, conversábamos sobre el día a día hasta que al final cogíamos confianza y la mecánica de trabajo se hacía más ágil. En este sentido, las primeras semanas en nuevas etapas resultaban bastante tensas. Yo llegaba allí enfadadísima, con mi cara de perro mejor ensayada, y colaborando a regañadientes. Por suerte, a medida que los días pasaban yo iba siendo consciente de mi nuevo destino. Entonces, me resignaba a aceptarlo y empezaba a facilitarle las cosas a la pobre profesional de turno. Por cierto, me estoy dejando como un ogro y no sé hasta qué punto me conviene este autorretrato tan negativo.

Pero, aunque parezca difícil de creer, no todas las veces la culpa fue mía. Me explicaré mejor. Creo que para ser fisioterapeuta infantil, uno de los principales atributos que se deben poseer es la paciencia. En este sentido y según deduzco de mi propia experiencia, es más que probable que el paciente, como niño que es, unos días esté más distraído que otros y le cueste concentrarse. Por tanto, el fisioterapeuta debería intentar mantenerlo atento y motivarlo conservando un tono calmado y sin perder los nervios. No se puede negar que siempre habrá pacientes más difíciles que otros, –no miro a nadie- pero no es aconsejable abandonar sesiones a la mitad llevado por un ataque de mal humor.

En lo que a la propia rutina de ejercicios respecta, ésta variaba muy poco, y solía consistir en ejercicios cíclicos de trabajo y de estiramiento con distintos músculos de las piernas. Por lo que he oído, ahora la cosa ha cambiado bastante, y el papel del paciente ha pasado a ser mucho más activo.

En conclusión, puedo decir que soy plenamente consciente del gran trabajo que las fisioterapeutas han tenido la amabilidad de realizar en mí y de los grandes e indispensables beneficios que éste ha reportado a mi salud. En este sentido no tengo queja alguna, y he ganado amistades y vivido infinidad de impagables conversaciones.

Sin embargo, si tengo que poner un pero, diría que a lo largo de mi experiencia, lo que peor he llevado ha sido el aislamiento. Creo que no hubiera estado mal poder realizar más actividades con mis compañeros, aunque fuese de forma adaptada. Es decir, hubiera querido realizar ejercicios menos distanciados de la realidad de mis amigos, pudiendo interactuar con ellos más a menudo, sin permanecer tan excluida de la dinámica de grupo.”

¡Gracias Anna, por compartir tus reflexiones con todos nosotros! Afortunadamente,  hoy en día algunas cosas están cambiando y se ofrecen los tratamientos más en la línea que tu propones, pero conocer la opinión en primera persona de alguien que habla con conocimiento de causa, hace que los cambios que se están produciendo en los enfoques de la fisioterapia pediátrica coja mayor relevancia.

Os recomendamos que para saber más sobre Anna y sus reflexiones y experiencias (las cuales no tienen desperdicio) os dirijáis a su blog “Vivir con Discapacidad”.

Alicia 2

Por Alicia Manzanas García, fisioterapeuta postgraduada en pediatría y actividad física adaptada desde 1999, por la Universitat Autònoma de Barcelona y la Universitat de Barcelona, Máster en Psicologia, Salud y Calidad de Vida, por la Universitat Oberta de Catalunya. Docente en la Universidad Internacional de Catalunya en el Grado, Postgrado y Máster de Fisioterapia en Pediatría desde 2004.

Directora de efisiopediatric y responsable del Servicio de valoración y orientaciones ortésicas para las extremidades inferiores  (+info) 

Docente de los cursos dirigidos a las extremidades inferiores y marcha (+ info)

2 Responses to Fisioterapia Pediátrica desde otra perspectiva

  1. Tino Silvestre 13 junio, 2015 el 11:22 am #

    Hola,

    Pongo el enlace del blog de otra chica con PCI que tambien cuenta su experiencia con la fisioterapia.

    http://diariodeunachicaconparalisiscerebral.blogspot.com.es/2015/05/los-tratamientos-medicos-y-de.html?m=1

    Un saludo

    Tino

    • efisiopediatric 13 junio, 2015 el 10:27 pm #

      Hola Tino,

      Muchísimas gracias por tu aportación. Como ya sabes efisiopediatric tiene como objetivo ser una comunidad de conocimiento así que cualquier información compartida de interés como estás es muy bien recibida. Esperamos que siempre que te sea posible o lo creas conveniente compartas nuevas informaciones con todos nosotros.

      Saludos cordiales.

Deja un comentario